Cuando una persona desea asegurar su hogar, debe tener en cuenta muchos puntos para no tener
problemas en futuro cercano. De hecho, la valoración de un inmueble utiliza
reglas poco matemáticas. No basta ser un genio para realizar pasos sencillos
requeridos en el proceso.
Se es sabido que se puede encontrar valoraciones
diversas en función de quién la haga, el tasador de un banco para una hipoteca,
un tasador por encargo nuestra para la venta, un perito en caso de siniestro,
en fin, el que más convenga.
Solicitudes
explícitas
En general, las aseguradoras solicitas un valor que
se debe conocer a la hora de asegurar la vivienda. A fin de todo, este será el valor
de nuevo del inmueble: la cantidad que constaría la adquisición de una
vivienda nueva igual o que se asemeja a esta.
En principio, el valor se calcula según los metros
cuadrados construidos, pero no todo queda ahí, también a otros elementos de la
propiedad. Tal es el caso de elementos estructurales y edificios, instalaciones
fijadas al continente, revestimientos, servidumbres exteriores, jardines,
garaje, plazas de aparcamiento y anexo.
Políticas
internas
La ley protege al asegurado, prueba de ello son los
artículos 10, 12 y 30 de la ley 50/80 de contrato de seguro. Sin embargo, cada compañía de seguros, cuenta con
una política interna, que dicho sea de paso, se genera con el objetivo de
cuidar su espalda, esto topa la ironía, pues debería ser de forma contraria.
Finalmente, y por regla general, el Continente, con
ocasión de un siniestro, se tasará a coste de su reconstrucción y no se
justipreciará según el valor real, es decir, no se les aplicará pérdida de
valor por uso.


